Las aventuras de la mujer pájaro VIII: LOS CUENTOS DE LA NADA

Con la luz del amanecer y los ojos de la gente de la aldea fijos en su espalda comenzó a andar hacia la puerta. Sentía una de aquellas miradas más fija que ninguna otra, Tiburón no había dicho ni una palabra después de lo sucedido en el ritual, la mujer pájaro sentía en lo más profundo de su corazón ese abismo que aumentaba entre ellos, pero entendía.

Ahora podía mirar frente a frente a su destino y eso era todo lo que importaba. Se echó la bolsa a la espalda y cruzó la puerta que el guardia abrió para ella. Una vez dentro sintió la puerta cerrarse de golpe.

Vio el camino que se bifurcaba ante ella con una extraña mezcla de emoción e inquietud, ¿sería esa su primera decisión como exploradora? ¿Tan simple como derecha o izquierda? Un espectro se apareció entonces ante sus ojos.

-Bienvenida exploradora,- miró entonces a sus espaldas- Todo en la vida es tan sencillo y a la vez tan complicado como escoger un camino cuyo final no conocemos. –Volvió a mirar a la mujer pájaro.- Pero normalmente son nuestros actos los que deciden por nosotros. Aquí da comienzo tu viaje, y lo hace con una prueba, si pasas sabré que eres digna y podrás continuar. Confía en tu instinto de exploradora Pájaro, vas a necesitarlo.

Dicho esto la condujo hasta una sala en la que no había nada. Aquel lugar sobrepasaba a la imaginación, no había en ella paredes ni techo pero no se veían el cielo o el laberinto. No se veía nada, no había nada, ni colores, ni luz, no había una brizna de aire que moviese su cabello, no había tiempo ni profundidad. Su presencia allí era una concesión antinatural, un permiso con fecha de caducidad. El lugar que aparecía ante sus ojos era el vacío.

El espectro a su lado volvió a hablar:

-Hay muchos comienzos posibles, tantos como vidas pueblan el mundo y más aún. En tu camino sin embargo, no hay nada escrito. Por eso te he traído aquí. Tú serás quien me cuente los cuentos de la nada.

Dicho esto se desvaneció ante los ojos de la mujer pájaro, que quedó sola en el vacío.

La mujer pájaro nunca había oído hablar de algo semejante, en ninguno de los mapas que había estudiado se hablaba de la nada. ¿Qué podría haber de interesante en el vacío?

Primero miró a su alrededor en busca de algo que captase su atención pero fue inútil. Estaba sola, no había ningún camino posible a seguir. Comenzó a andar sin rumbo que seguir, pero parecía no moverse del sitio. Echó entonces a correr, pero nada cambiaba. Allí no había nada que contar.

Intentó entonces recitar historias de la aldea, historias del comienzo, pero en todas ellas había algo; había una historia. Fue más atrás, más allá del comienzo de la aldea, donde todo eran leyendas, y entonces había creencias. No podía contar cuentos de la nada porque siempre había algo que contar.

Desesperada sentía el frío del vacío acechándola, la oscuridad se cernía más aún sobre ella, su realidad en aquel lugar era una ofensa, un sinsentido, el vacío contenía nada y ella era algo. Podía notar como el lugar trataba de expulsarla, sabía que estaba fallando, que no iba a pasar la prueba. Sus pulmones empezaron a acusar la falta de oxígeno según este iba desvaneciéndose con ella.

“Es inútil” dijo casi sin aliento “no soy digna y voy a morir sola. Las historias que cuento no sirven para nada. No sirven para nada…”

Sus propias palabras la despertaron, sus ojos se abrieron mucho y la comisura de sus labios cayó ligeramente con asombro.

“¿Qué puede suceder en la nada?” pensó “Todo puede suceder en la nada”

Mientras su existencia se evaporaba cada vez más matándola poco a poco, se dio cuenta de que también le estaba dando la clave para salir de allí y pasar la prueba, solo tenía que pensar diferente, su pensamiento común no valía para la nada.

“Por ejemplo en la nada, todo el mundo puede respirar” pensó, y sus pulmones se llenaron de oxígeno aliviando la presión en su pecho. Sus labios se tornaron en una sonrisa.

Ese era el valor de la nada, todo podía pasar allí. Una podía imaginarse mil historias que le sucedieran a los seres de la nada y estas siempre serían verdad. Porque no hay nadie en la nada a quien puedan sucederle.

“Ya sé cuáles son los cuentos de la nada” dijo la mujer pájaro

los cuentos de la nada

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