Las aventuras de la mujer pájaro VII: EL RITUAL

Al acercarse el atardecer, la mujer pájaro comenzó a prepararse. Se vistió con el traje ceremonial de plumas de ave del paraíso, recogió las pertenencias que llevaría consigo al laberinto para su purificación en el ritual y partió hacia la plaza. Allí se encontraban todos los chamanes disponiéndolo todo para la noche, así como los aprendices, que algún día tendrían su propio ritual de iniciación.

-Bienvenida, Pájaro. ¿Estás ya más tranquila?

Preguntó el maestro Roble cuando la vio aparecer.

-Sí, estoy preparada. -Dijo la joven sonriendo.

La luz del atardecer daba un tono rosado a la plaza, El olor de las hierbas aromáticas que se quemaban en las antorchas inundaba el ambiente. La plaza poco a poco fue llenándose de gente, algunos traían tambores y maracas para la celebración, otros preparaban la madera para la hoguera.

La familia de la mujer pájaro estaba al completo, pero no había ni rastro de Tiburón. El ritual estaba a punto de comenzar. El maestro Roble pidió silencio.

-Bienvenidos todos al ritual de iniciación de la mujer Pájaro, hoy entre los chamanes damos la bienvenida a una nueva compañera. Con este ritual pedimos a los dioses que la protejan en su viaje por el laberinto, inspirándola el conocimiento que necesita para sobrevivir entre sus muros.

La mujer pájaro fue dirigida al centro de la plaza, donde se encontraba una mesa cuya superficie era un entramado de hojas y fibras.

-Aquí debes dejar los objetos que quieres que los dioses purifiquen.

Dijo el maestro Roble. Ella dispuso cada uno de los objetos con sumo cuidado.

Dicho esto, dos aprendices prepararon una bandeja dorada a la que añadieron varios aceites, flores y hierbas aromáticas. Colocaron la bandeja bajo la mesa donde se encontraban las pertenencias de la mujer pájaro y tomaron una de las antorchas para prender la llama.

En ese momento apareció Tiburón y les detuvo.

-Pájaro, espera.

– ¿Qué estás haciendo?

Dijo ella enfadada.

-No puedo dejar que te vayas así. Si no puedo hacer que te quedes, al menos quiero que parte de mí vaya contigo.

Entonces se dirigió a la mesa con los objetos y dejó sobre ella un collar de dientes de tiburón. La mujer pájaro le miró atónita. Aquel collar era de las posesiones más valiosas de la aldea. Las expediciones eran muy extrañas entre su gente, la familia de tiburón era de las pocas que había visto el mar y la única que había capturado y matado a un tiburón.

-No puedo aceptarlo.

-Claro que puedes, y lo vas a hacer, concédeme eso al menos.

Dijo él mirándola a los ojos. La mujer pájaro asintió sosteniéndole la mirada y dio la orden de que se continuase con el ritual.

Los aprendices quemaron el contenido de la bandeja y un humo espeso de color rosado comenzó a colarse entre las ramas de la mesa. Pronto los objetos estaban envueltos en una bruma violácea que fue disipándose poco a poco hasta dejar ver como dos objetos ardían en un fuego blanco; la navaja y el collar de Tiburón.

-Los dioses han hablado.

Dijo el maestro Roble con gesto grave.

Entonces comenzó a sonar la música, ritmos de percusión. Se encendió la hoguera central, quemaron una enorme pila de madera que ardería durante toda la noche alumbrando los bailes de los habitantes de la aldea.

La temperatura subió rápidamente y la intensidad de los bailes la acompañó, los pasos de los aldeanos, el sonido de los tambores y el crepitar de las llamas eran todo uno. La mujer pájaro llevó a Tiburón aparte.

-Aquí tienes tu colgante, no puedo llevármelo.

-Pero yo quiero que te lo lleves, -dijo él con el rostro ensombrecido- es mi regalo para ti, los dioses no tienen nada que opinar al respecto.

-Los dioses tienen todo que opinar en esto, si me lo llevase sin su consentimiento entraría al laberinto sin su bendición, estaría perdida.

– ¡¿Es que ni eso van a concederme?! ¿No les vale con apartarte de mi lado?

-Esto está decidido desde mi nacimiento, ya lo sabes.

-Por favor, no te vayas.

Ambos se miraron largamente, ninguno de los dos iba a cambiar de parecer y ambos lo sabían. Pasara lo que pasara uno de los dos saldría con el corazón roto, y la decisión de quedarse o marchar estaba solo en manos de la mujer pájaro.

el ritual

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s